Hace exactamente dos menses atrás mi médico me dijo muy enfáticamente: “de ahora en adelante y hasta que termines el tratamiento, no se te vaya a ocurrir tomar siquiera una gota de alcohol, huevón”. En ese momento me dio lo mismo, nunca he sido un gran bebedor y pensé que un año sin bebidas espirituosas sería nada del otro mundo. Después de todo, estuve diecinueve años de mi vida sin beber, no es tan difícil.
El problema real llegó cuando debí hacerme presente en carretes, decir “no, gracias, la verdad es que no puedo tomar” y la paja de ponerse a explicar a cada uno de los oferentes de bebestibles que debido a que soy un consumidor diario de isotretinoína, mi sistema hepático se sobrecarga de tal manera que tomarme una piscola podría trarme muy severas consecuencias. Lejos, lo más fome de todo esto es que por culpa del Piplex no puedo bailar, ya que nunca me ha gustado hacerlo sobrio, hahaha.
La cosa es que llevo dos meses alejado por completo del alcohol, ha sido una experiencia harto fome y no porque eche de menos beber, sino porque no tiene ni un brillo, no me siento distinto y en el fondo han sido dos meses de lo más normales. Aún quedan diez y a pesar de todo, estoy seguro de que apenas pueda, me pegaré unos buenos whiskachos, vodkazos y bauzazos… mientras, a aguantar con las cremitas y el Blistex para no morir despellejado.
La foto corresponde al año 2006, es mi regalo de “amigo secreto” días después de mi primera apagada de tele, gentileza de mi estimada amiga Roxana, precisamente con el nunca bien ponderado Ron Dorado Mitjans. Gracias a Dios (¿?) sobreviví xD


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