Mucho se habla acerca de la educación superior hoy en día. Los altos aranceles de los planteles chilenos son el tema principal a la hora de poner a las casas de estudio en la discusión diaria. Una vez al año también hablamos del poco acceso de los estudiantes de colegios públicos a las carreras más deseadas y del mal indicador que resulta la Prueba de Selección Universitaria en el momento de decidir el futuro de un joven. Es decir, los temas más recurrentes coinciden con los más importantes de la sociedad de consumo actual: dinero e igualdad de oportunidades.
Es poco loable ignorar la problemática recién expuesta, pero creo necesario ir más allá y mencionar un lugar común en la gran mayoría de las universidades chilenas, tanto en las que forman parte del sacrosanto Consejo de Rectores como las que no. Me refiero a la deficiente formación universal que el alumnado recibe, marginando a jóvenes potencialmente creativos a los paradigmas propios de la carrera que hayan decidido estudiar. Así nos encontramos a diario con economistas que no tienen idea de las consecuencias que conlleva que un hijo crezca sin la figura de su madre, ingenieros que no podrían redactar una carta, periodistas que creen que Platón descubrió el amor, suma y sigue.
En una época en que la división de las tareas productivas ha reducido al máximo las posibilidades creativas humanas, resulta especialmente importante que las universidades tomen las riendas del problema y generen profesionales con una visión que trascienda su campo de especialidad. Tal vez no sea posible llenarnos de humanistas como los del Renacimiento, que eran tan artistas como científicos, pero sí resultaría provechoso para la sociedad completa que las personas que hayan pasado por sus aulas puedan ver a través de más de un prisma. ¿Qué hay de malo con que un sicólogo sea también experto en biología? Si su dentista lee a Heidegger entre pacientes, ¿usted se asustaría? Sinceramente creo que al contrario, se alegraría por poder contar con un profesional tan completo y con tamaña curiosidad.
Ya basta de los cursos de formación general que son “un cacho”, con asistencia obligatoria y que le interesan a nadie. Es intelectualmente criminal negarle el aprendizaje a una persona que demuestra poder aprovecharlo. Los paradigmas resultan mecánicamente útiles, pero cuando sólo contamos con uno o unos pocos, nuestra vida se ve limitada a una existencia intransigente y prejuiciosa. Si tanto desean movilidad social, empiecen a pensar en la movilidad intelectual.
Se viene una investigación al respecto.
Me gusta eso. Sería lindo tener esa posibilidad que parece tan lógica pero que pocos en realidad tienen: La de aprender lo que se te dé la gana. Al menos, pocas universidades entregan esa posibilidad.
Sin embargo, creo en la capacidad autodidacta de las personas y en que el deber de aprender cosas extras es del alumno y no de la universidad. A lo que voy es que debería existir la posibilidad de que el alumno aprenda lo que quiera (un curso de biología para un ingeniero comercial, por ejemplo), pero no convertirla en un ramo obligatorio. O sea, me gustaría que las universidades hicieran lo que hace la PUC, por ejemplo, que ofrece sus cursos para todos los alumnos y no sólo para los de algunas carreras…
Las razones son largas y me da flojera escribir tanto. Sorry =P.
El sistema de la UC es lo más cercano a lo correcto que he visto, de hecho. Que existan plazas de asignaturas optativas (“CFG” pa’ la Chile, “OPT” pa’ la UC)hace la pega, siempre y cuando los ramos que pueden ser elegidos sí sean un aporte real a la educación del alumnado. El ejemplo más claro que tengo es el ramo “Arquitectura de Brasil del siglo XX” (o algo así) que pueden tomar ustedes en FEN, qu es por definición un CFG cacho e intrascendente.
Al sistema le agregaría despertar la curiosidad en el alumnado, porque eso no nace solo. No obligarlos, sino sugerirles correcamente.
El punto que tocay es filete, pero yo lo veo desde otra perspectiva, en verdad, y es bajo el sistema reproductivo de enseñanza que existe, tanto en la enseñanza media como en la superior. Buscar otro Da Vinci, en una sociedad asi de estructurada, es, por lo demàs, hasta inùtil (si utilitariamente hablamos) y poco eficiente (si pasamos al lado economicista).
Mas que una mera complementaciòn de metodologìas, teorìas, y campos, me parece que la idea es buscar generaciòn de pensamiento, que no se estanque el alumno en el read-copy-paste que obliga la U (por un tema de carga acadèmica y respuesta ante la misma), y que alumno tenga una leve, pero no por eso menos aguda, capacidad de crear conocimiento, ya sea a travès de investigaciòn pràctica, o teòrica. Lo digo en verdad porque si hay una desiluciòn que me lleve al entrar a la U, fue que el cambio del read-copy-paste del coelgio a la U, es nulo, y si lo hay, consiste en 100 pàginas mas a leer… el concepto de universidad lo veìa, mas que como algo “universal”, como un lugar generador de conocimiento, discuciòn, debate, etc… y es algo que yo no veo, y si lo veo, es muy poco.
tambièn pasa por otro tema, pero lo toco mas al margen, y es la dispociciòn con que el alumno enfrenta la carrera: es distinto un wn que va a la biblioteca y saca mas libros de los que les pide el profe, al weon que se aprende de memoria las fotocopias y por eso le va la raja.. la diferencia probablemente està en que al uno, si el preguntay años mas tarde, seguramente no receurde 100% lo que leyò, peor tenga buena nociòn, y la capacidad de utilizar ese conocimiento para otros fines distintos a “transcribirlos”, mientras el otro, de seguro a la semana de la prueba se le olvide lo leido.