Viva el cambio… sí, claro

“Todo pasado fue mejor”. Este es, probablemente, el eslogan más adecuado del conservadurismo, aquel sector duro de la población que, aún de mayor forma que el resto, resiste al cambio y ve con malos ojos todo aquello que atente contra la monolítica tradición. Desde la Inquisición Española hasta la UDI, dejando de lado las sutilezas, han deseado perpetuar con mano de piedra la historia que los ha puesto donde cómodamente están. Hay que ser bien iluso para creer que son precisamente estos sectores los progresistas, los que nos llevarán al tan ansiado y prometido cambio, cuando en realidad nadie nos asegura que dicho estado sea mejor de lo que ahora tenemos. Porque después de todo, es eso precisamente lo que prometen los líderes con aires de caudillo, cambiar nuestras vidas, sin nunca dar las garantías de que el riesgo valdrá la pena o el vértigo.

Por mucho que algunos levanten el puño izquierdo al compás de “El pueblo unido jamás será vencido”, somos todos conservadores, sólo que a unos se les nota mucho más que a otros. Pocas personas aceptarían con gusto la experimentación, la espontaneidad o la sorpresa por el sólo hecho de disfrutarla. ¿Quién querría cambiar su casa o su empleo de un día para otro? Probablemente, sólo los que tienen nada que perder, los sectores radicales por excelencia: los pobres. Es por esto que los conocidos rostros populistas van precisamente a aquellos lugares a fermentar a las personas con sus discursos plagados de revolución, cuando en la comodidad de su sillón hogareño lo último que desean es cambiar el statu quo que les ha dado ya tanto. Por lo mismo, creo que es al menos ingenuo esperar que el cambio llegue por el hecho de alternar la visión política del grupo dominante, cuando la clase completa está profundamente beneficiada por la forma en que actualmente se llevan las cosas. ¿Arriesgarse? ¿Para qué?

No me malinterprete, no quiero que la gente busque el verdadero cambio, porque no soy ningún gurú de la política como para asegurarle que seremos así favorecidos. Mi intención es, por otra parte, dar mi parecer acerca de un show que se presenta ridículamente demagógico, en el que se trata a la gente con una displicencia asquerosa y que al parecer logrará finalmente su objetivo, posicionando a la gran masa de gobernados como lo que realmente desea frenéticamente ser: nada.

El cambio real no pasa por el conservadurismo, como tampoco por los sectores que se declaran liberales; como ya he dicho, en el fondo somos todos conservadores. El cambio de verdad viene de la mano de la revolución, que no debe ser necesariamente marxista ni violenta. ¿Gandhi no fue también revolucionario? Ahora, si quiere arriesgarse a que la historia dé vueltas en redondo, como la querida Úrsula Iguarán notara tras una vida en Macondo, salga a la calle y grite sin pudor que se siente ultrajado, pero cuando los poderosos resuciten a Pinochet —porque hay un 1% de Chile que vale más que el otro 99%—, no diga que yo no se lo advertí. Esta larga y angosta faja de tierra es así.

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4 Respuestas para “Viva el cambio… sí, claro”


  • OMFG . muy bueno .

  • Me gusto lo que escribiste, te encuentro razon… tienes razon con eso de que todos somos conservadores, pero solo en parte, y en una parte pequeña al menos yo, en leseras!

    pero eso de cambiar de casa o de pega, va ligado a el bienestar economico o a las comodidades mas que nada, me cambio de pega si gano mas o de casa si me voy a un lugar mas comodo y amplio, no dudes que lo haria, de hecho me estoy cambiando de casa :D

    saludos amigo!

  • ahhh y claro frei o piñera son lo mismo, lo unico que el segundo es mas conservador aun que el primero, y el narigon en teoria mas aperturista, tolerante y con una vision mas social, pero claro, es lo que nos hacen creer o lo que creemos…

  • Ese tipo de cambio no arriesga, así que no vale. Yo me refería a arriesgar tu realidad sin saber qué viene: apostar.

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