El largo abrigo esconde todo cuanto quiere proteger del mundo. Los lentes oscuros dentro del vagón potencian aquel aire furtivo, de cazador acechado. Un niño alza la vista mezclando miedo y admiración; él sigue mostrándose inflexible. Un asiento queda libre y el predador lo ignora, sabiendo que la travesía será larga; una mujer lo aprovecha y le sonríe amablemente, él sólo piensa en cómo enfrentará los peligros venideros. Cuando la voz del parlante termina, él toma su báculo leal y emprende su marcha mortal hacia la superficie, acostumbrado ya a los peligros que un ciego enfrenta en el Gran Santiago.
sábado, 2 mayo, 23:01
los ciegos conspiran contra nosotros .