Una nueva tecnología, capaz de borrar selectivamente determinados recuerdos, ha sido inventada. Aquel pasado doloroso, rupturas sentimentales o simplemente la pérdida de una mascota, puede ser sanado con sólo una noche de la terapia milagrosa del doctor Mierzwiak. El paciente sólo debe firmar, entregar todos los objetos relacionados con la persona o circunstancia dada y ya está: desde el siguiente día será como que nada nunca hubiese ocurrido.
Lo anterior es ciencia ficción aún, pero en la película de Michel Gondry, Eternal Sunshine of the Spotless Mind, esto es posible. Así es como Clementine (Kate Winslet) y Joel (Jim Carrey) utilizarán el tratamiento para poner fin definitivo a una relación que ya se hacía insostenible. El filme es un drama amoroso lleno de montajes temporales, invitaciones al espectador a armar el rompecabezas y por sobre todo, a reflexionar sobre la importancia de la memoria en la vida humana.
A continuación, un resumen a grandes rasgos de la trama de la película, por lo que no recomiendo leer si no la ha visto ya.
Joel decide un día tomar un tren equivocado y falta a su trabajo, por lo que acaba un lugar ajeno a su rutina, donde conoce a Clementine, una desinhibida chica de cabello azul que lo busca e invita a su casa tras el viaje. Él acepta y tras el encuentro, ambos quedan notablemente entusiasmados con el otro. El problema aparece cuando, tras un montaje temporal, vemos que la pareja ya tuvo una relación antes, la que tras fallar gatilla que el personaje encarnado por Kate Winslet tome la decisión de —efectivamente— borrar a Joel de su memoria. El resultado es que este hombre tome el mismo camino: deshacerse de todo vestigio de “Tangerine” (apodo por el pelo color naranja que tuvo alguna vez Clementine) en su cerebro. El conflicto surge cuando, en pleno proceso de “formateo de cerebro”, Joel se arrepiente de olvidar a Clem, por lo que lucha desesperadamente por retener todo recuerdo que pueda de su amada. Así llegamos a la parte entretenida: una serie de montajes oníricos donde vemos a Jim Carrey participar directamente de sus viviencias pasadas, pero desde otro ángulo, lo que le da la impresión de déjà vu.
A medida de la película avanza, vemos desglosar algunas historias —como la romance repetido del Dr. Mierzwiak y su recepcionista; y la de Patrick, un borrador de recuerdos que enamora a Clementine personificando a Joel— que amenizan el relato. Pero el eje central sin dudas es el romance en dos instancias de Clem y Joel, los que a pesar de todo lo mencionado anteriormente intentarán estar juntos.
Los aspectos interactivos del relato son mínimos, pues sin importar qué haga el espectador, el resultado será el mismo. Como mucho existe la posibilidad de adelantar, atrasar o parar la película en algún momento determinado, para quedarnos con la interpretación puntual que podamos obtener entonces. Fuera de eso, por tratarse de una película tradicional, el espectador no tiene más remedio que sentarse y disfrutar… u odiar.
Si Eternal Sunshine of the Spotless Mind fuese un sitio web hoy en día, sería uno con estructura ramificada con tintes de reticular, es decir, mixto. Ramificado, porque a pesar de que la trama puede ser seguida sin adentrar en detalles —y bien comprenderse—, también existe la posibilidad de averiguar más sobre lo que ocurre en la vida de los personajes; reticular, porque la narración en tiempo no-lineal podría traducirse en una página con una navegación sin trabas a la hora de permitir al visitante acceder a todas las líneas narrativas. Por supuesto, habría que controlar guiar al usuario dentro de las posibilidades para no transformar una posible rica experiencia en una confusión desagradable.
Fuentes:

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