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Extranjero

El largo abrigo esconde todo cuanto quiere proteger del mundo. Los lentes oscuros dentro del vagón potencian aquel aire furtivo, de cazador acechado. Un niño alza la vista mezclando miedo y admiración; él sigue mostrándose inflexible. Un asiento queda libre y el predador lo ignora, sabiendo que la travesía será larga; una mujer lo aprovecha y le sonríe amablemente, él sólo piensa en cómo enfrentará los peligros venideros. Cuando la voz del parlante termina, él toma su báculo leal y emprende su marcha mortal hacia la superficie, acostumbrado ya a los peligros que un ciego enfrenta en el Gran Santiago.

sábado, 2 mayo, 23:01

Fe

¿Recuerdas el día en que nos conocimos? Esa mañana partieron mi corazón, un poco antes de que quedáramos atrapados en el túnel. ¿Entiendes ahora por qué creo en Dios?

sábado, 2 mayo, 23:13

El contrato

Entonces recibió la llamada. Miró el número y en vez de colgar, como siempre hacía ante las interrupciones, siguió observando la pantalla de su móvil por un par de segundos. Tras contestar, apenas supo la importancia de aquello, se levantó y desapareció de la vista de su más-que-amigo. Aunque no era alguien conocido por su inteligencia, él notó con claridad que no debía seguirla: si él estuviese considerado en los planes, ella no se habría alejado. Todo lo que quedó en el cuarto fue él, un platillo con migajas, un documental a medio mirar y las perfectas formas de la mujer impresas en el negro sillón, infinitamente distantes ahora.
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Lección

Un befetón en el pasillo de la micro, ahí donde todos pudieron oírlo y mirarlo. La señora del asiento frente a ellos miró hacia otro lado. El chofer se preocupó de esquivar a un peatón imprudente. Los pololos se concentraron en batir su propio récord del beso más largo. El escolar se hizo el dormido para no ceder el asiento. La madre frotó su mano. El niño no lloró, no después de enseñar que el torniquete gira después de pagar.

100

Cien palabras para pedirte una sonrisa. Cien palabras para olvidar una vida de dolores. Cien palabras para calmar tu mente. Cien palabras para reposar tu cuerpo. Cien palabras para que aprendas que el mundo siempre ha sido tuyo. Cien palabras para llevarte al teatro. Cien palabras para reírnos del actor del papel de vicerrector. Cien palabras para explicarte el final de la obra. Cien palabras para que desees otra vez. Cien palabras para crearte el mundo con ellas. Cien palabras para que reconsideres. Cien palabras para que desistas de aquel plan que nunca más te dejará leer otras cien palabras.